jueves, 21 de marzo de 2024

Cruzamos por el ras de la montaña, María de la Cruz.




«sustrato de un impulso muy antiguo»

Esto es Cruzamos por el ras de la montaña de María de la Cruz, publicado en Cántico. @cosamentale_ @canticoed

«sustrato de un impulso muy antiguo», el del lenguaje (que claro suena a 11, ya ves tú, y cómo cosquillea en el oído.
«até lo dispar», dice, grieta, lengua, lago.
«(...)mientras nadas/ el arco de tus piernas crea el agua/ tú eres la figura en el paisaje.»
Lo quemado, cauce dorado y liquen, clavículas y toros ciegos.

:::Anotaciones a ras:::
1. La mejor dedicatoria que he leído.
2. Hacía mucho que no leía partir tan bien un verso, ampliando significados. Qué cuidada la mancha y qué encabalgamiento, muy Aníbal, manso y exacto.
3. Veo poema río, con el blanco que lo pausa de página a página. No blanco, crema papel.
4. Color anímico, que tintinea en las sílabas y toca, éste sí, blanquísimo ¿y cómo recordarlo?
5. Qué cuidado al lenguaje, como si fuese una cría y fuera a darle leche con los dedos.
6. Diálogo: el color también se sale de las tripas, anoto.
7. La nieve que nieva me parece que se entiende con la de Lorca.
8. ¿Cómo será leer este poemario al sol?
9. Quien sabe de los cristales, sabe de masticar.
10. Está llenito a onces y así suena. «tuvimos un hogar antes del verde»
11. Me gusta que me hables aunque no sea a mí, aunque no seas tú: viajo a esa montaña.
12. Nombrar como coger.
13. El pozo, la curva, andar y desandar, girar despacio: contorsión.
14. Contusión.
15. «dos corzos indefensos refugiándose/ en todo lo que estuvo y lo que no».

Gracias por «la violenta belleza de los verbos».








Riesgo de hidrocefalia. Marisa Bello

«Seguir tendiendo la ropa no es lo mismo sin los ojos».  « »

Libro de memoria, libro de memoria sorprendida, posada, crítica. Libro donde una se piensa hoy en los miedos de entonces, con sus dudas y las verdades ciertas que nos han cerrado la boca y aumentado el susto: verdades que entendemos porque se confirman aún en la vida de ellas, en sus inicios.

«ACOSTUMBRE A NOMBRAR la rotura como parte esencial del deseo»(...) ¿Acaso no piensas arreglarte? (...) La violencia no es siempre roja».

Un libro de recuerdo que nos interpela, un libro que nos deja el cuerpo conocido y raro, como el primer exhibicionista que a todas nos queda en la retina, la mano que te toca y que no reconoces en el transporte público: lo que sólo de nosotras a nosotras nos decimos: y sí, cuenta, dice, pero lo hace desde la poesía, hacia la poesía, con la poesía y, por eso, en ese acto de instantánea, nos pone allí y aquí: la acompañamos. «Los amores incondicionales no conjugan» «un galgo congelado» ¿sí conjuga?: la madera se friega de rodillas, «una anciana ladrando» y no saber bien qué hay que decir.

Recordar qué es marcar un número, qué es rodar un número en la baquelita roja para iniciar la llamada. «Escribiremos notas anónimas a una obsesión de la otra fila y negaremos, en firme, haberlo hecho».

Memoria que entendemos, analógica, amarga y algo árida, con el tiempo que pasa y que se queda sobre el recuerdo, sabiendo qué hace el lenguaje y cuándo no hace y se queda corto: tratar de capturar lo que se ha sido, la carpeta de cartón que nos protegía la juventud, subiéndola justo arriba de la boca, dejando la nariz dos dedos más abajo, asomando los ojos, «la manzana completa».

El reconocimiento del daño, de lo que se aprendía, de lo que era dado por supuesto. «Tuvimos varios grupos y algunas abortamos. Del resto nunca supe nada más».

Y luego la maternidad: con todo lo heredado. «FUI MADRE A CONTRAPELO / Di a luz obediente, -siempre, obediente».
Y el poema al NIÑO que hace mudez y ganas de abrazar.
Gracias por este libro, @marisabellolopez

«De momento me alcanza el escupir».

Riesgo de hidrocefalia. Premio Internacional de Poesía Marta Agudo 2023. @genialogias
Publica @tiigresdepapel








miércoles, 6 de marzo de 2024

El libro mediterráneo de los muertos. María Ángeles Pérez López

 


Libro mediterráneo de los muertos de María Ángeles Pérez López. 
VI Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro. Publicado por @editorialpretextos
"¿En qué partes de ti crece el pronombre?"

Un libro como una herencia. Un libro como sedimento de la lengua.
Tacto, lenguaje, color, lenguaje, piedra, guepardo, lenguaje, cráneo, lenguaje, historia, lenguaje, Nilo y pupila, lenguaje y pupila, pupila y párpado: el cuerpo que se queda en lo oscuro, los ojos que qué miran cuando son los ojos solos y no nuestros ojos, ajenos, galaxia y ceniza.

Lengua de raíz como hilo rojo que teje una biografía de nuestros muertos, es decir del nosotros, es decir del yo en el nosotros, visual, ovalado, con manto y tierra y grito. El pasto del agua con sus cuerpos anónimos. El lenguaje con sus madres anónimas. La conversación con el lenguaje, desde el lenguaje, lagarta valiente del lenguaje cuestionando la distancia, el tiempo, la profundidad del mar, de nuestras memorias.

Endecasílabo encadenado a endecasílabo encadenado y los adjetivos tintineando las aliteradas bondades de la lengua, la proximidad de la sílaba y su danza sonora que baja el zigurat a la tierra, la tierra, la boca, el cráneo, el lenguaje y la boca, la boca anónima al fondo de la boca, la osamenta que permite gruñidos y nombres.

El diálogo de un nosotros y el sonido tildado del gesto. Libro indicativo, libro roca y estambre. Alquimia y poesía. Poesía, poesía, poesía: todo el tiempo, con su estallido.

Libro néctar, libro humano porque "la asfixia es una experiencia mancomunada" y es cierto que "no puedes respirar bajo el barniz" ,"la poesía tampoco cede". Porque "incluso los lirios, las paredes, la tierra más pobre pronuncian un lenguaje que no nos pertenece".

Estaba deseando la calma para leer este libro y no veo manera mejor de iniciar la lectura en este año. Gracias por este universo con memoria animal.

(Lectura publicada originalmente en Instagram, en enero de 2024).









La memoria se queda en un blog de internet.

Últimamente necesito dejar escrito lo que leo: empiezo a hacerlo, intento subirlo a instagram, no cabe y despedazo el texto. 

Entonces pienso: debería tener un blog donde subirlo, por lo menos para que se me quede guardado limpiamente, algo donde recoger las últimas lecturas sin tantos accidentes, con lugar para la letra. Ya no se usan, pienso, pero yo los leo, entonces sí se usan, entonces abro Blogger y veo que ya hice eso hace 11 años. Veo libros que no recordaba del todo. Veo la fisura en los meses del 2014 y los retazos de una conciencia que no se quedó. 

Veo libros que no he podido olvidar: que son mi ecosistema. Entiendo el eco sobre ellos. 

Veo que olvidé que esto existía: en 2015 la vida empezó a funcionar, después de una franja rara de finales de 2011 a inicios de 2015, especialmente rara de mayo de 2014 a septiembre de 2014, donde todo lo que creía entender murió y con ello, mucha de mi memoria.

2015 fue comenzar a formar parte del sistema de nuevo. Veo que acabaron las lecturas aquí. Recuerdo poco más. Es raro no recordar cosas así. Hace unos meses me pasó en wordpress. ¿Cuántos trozos se van dejando? 

Quizá lo raro es encontrarse. 

martes, 21 de octubre de 2014

El jinete polaco de Antonio Muñoz Molina


El recuerdo de los recuerdos de otros. Un pueblo, Mágina, hecho de lenguaje. Varias generaciones que suceden al tiempo. La ensoñación en el presente de una pareja frente a un baúl de fotografías y los habitantes del pueblo, desdibujados entre canciones infantiles y leyendas. El soneto tembloroso del policía entumecido por la humedad y la vergüenza. El pesar atormentado del fotógrafo, Ramiro Ledesma, quien confundía e invertía vida y muerte bajo el cristal oscuro, y caminaba ebrio de Schubert por la oscuridad de Mágina, la revelación del rostro de la doncella muerta en la Casa de las Torres, la escala de la memoria anterior a lo anterior. El tiempo detenido en lo rural, la espera indeseada de la muerte en el sentarse indiferente, retraído, frente al televisor, el miedo a la muerte pese a la muerte en vida del que nada vive.
La novela estructurada en tres partes narra la vida de los antepasados de Manuel, el protagonista, en su primera parte, personajes callados, una madre asustada, un padre austero, las narraciones del abuelo en la guerra de Cuba, del bisabuelo volviendo del campo de concentración, la enjuta figura del médico Mercurio, la superstición, el deber y la vida reducida al campo. La segunda parte cuenta la adolescencia de Manuel, sus tardes en el Martos, el enamoramiento de la compañera de clase, el impulso de huir de Mágina, el sueño de vivir en todas las partes, de conocer todas las ciudades, la letra de las canciones donde guarecerse y en paralelo la vida de Nadia, su llegada a Mágina, la relación con su padre, el alejamiento, el primer desengaño amoroso, una noche en blanco en la memoria de Manuel, el grabado del jinete polaco adquirido por su padre, una narración introspectiva que termina en la tercera parte, en la vida de Manuel como traductor que vive yéndose de todos los lugares, la amistad con Felipe su amigo de infancia, el avanzar solo hacia ninguna parte y encontrarla a ella, Nadia, soñándola con otro nombre, rubia y desgarbada para encontrarla finalmente y entregarse entero a ella, poner un pasado en común, recuperar los recuerdos de esa noche perdida en la memoria donde la conoció veinte años atrás sin salir de Mágina para volverla a encontrar, la pasión, no observar la posibilidad de seguir sin el otro. La muerte de su abuela, la separación, la conciencia del tiempo, el reencuentro final que promete una vida en común, el viaje que desemboca finalmente en ellos dos, plenos.