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miércoles, 23 de julio de 2014

Lectura a tres voces, escritura a mil caras.


Necesito todos los lápices del mundo.
No hay suficiente tiempo
para los tiempos,
tengan estos los propietarios que merecen.

Leo a Cristián Piné. Lo leo y olvido que es un amigo. Leo a Günter Grass y recuerdo que la deformidad es una ventaja, que la deformidad es una excepción, que hay naturalezas y naturaleza, y que se es único, únicamente y desde siempre. Leo a Piné y leo a Max Blecher y subrayo, subrayo tanto que se me gastan las minas, se rompen de la fuerza, subrayo y les escribo encima, les tacho casi su propio verso porque me están tirando las palabras hacia fuera, me las están arrancando hacia fuera y me están diciendo que no, que todo lo que, NO.
Me están salvando la vida. Los leo y tengo que ir a Luisa y sus artilleros, los leo y tengo que refugiarme en Lorca cantado por Morante, y se me duplican las letras porque me están rompiendo lanzas en el estómago y no me da tiempo a decir y entonces entiendo que callar es un regalo que necesito. Estoy siendo esterilidad simulada, lleno trocitos de papeles que luego pliego en flores para arrugarlos y tirarlos a la basura, medio flores medio nada.

“Hay un principio de azul – (anoto, azul alabastro)
En este paisaje terrestre- (anoto, acantilados, precipicio, montaña, caída)
Y otro vindicador- (Separo vin/di/ca/dor. Lo escindo en sílabas y taconeo)
Como un dedo amputado
Tan sólo ves una mujer dando vueltas
Como un huso
Y copiando su delta
En el delta de las aguas
Max Blecher.

Blecher quiere que llegue a Luisa, Luisa está guardada junto a un libro de símbolos, tengo que diseñar un logo, por varios pisos más arriba, corre, acude, levanta y corre a por él. Pero yo quería escribir sobre Cristian, yo quería escribir que Cristian está escribiéndome sin querer.  Tienen que esperar Los hábitos del artillero. 
No hay bilis, hay alimentos, no hay hambre y sin embargo ese olor.

“Nadie quiere un malquerido fémur
apoderándose del vientre, después la boca,
un solo fémur ocupando el espacio en que respiras
un cuerpo solo sin querellas en la solidez (…)”
Cristian Piné


Qué hago escribiendo, yo, qué hago cuando me lo dais todo, donde todos los espejos ya están retratados desde antes de nosotras. Siempre nosotras y ahora nosotras sin saberte. No, nosotras sabiéndote, muriendo en distintas latitudes, pero juntas. Qué hago escribiéndome yo, qué necesidad, sólo quería dar las gracias, pero me han hecho escribirme y quisiera querer borrarme, de nuevo, pero he gastado los borradores y los lapiceros y ya hay tiempo para el agua y el aceite, y tú y yo nos lo merecemos. Ellas también, pero tú y yo. 




6 de julio, de 2014. Otros seis y mi madre cumplen 55. No voy a poder hacerla feliz, ni regalarle  un perfume. Pensar la frase al completo me asusta.

Desde hace unos meses me ha devorado, el caos
desde hace unos
meses he dedicado mis días a morderlos
tan continuamente
como se muerde la sábana que implica
las horas, pero no con ganas de
 mantenerme debajo dejando las cosas sucederse
sin mí
desde hace unos meses.
He dedicado mis mordiscos a la gana tanto que
no he podido
morder, ganar
la página de un libro,
morder o ganar
la calma de la compañía,
morder
la calma sola, la cama solamente una tortura
desde hace unos meses,
morder los días como si no supiera que llegan a pasar
y empiezan otros. Que llega mañana, mañana
otra vez.

21 de julio de dos mil catorce

Estaba equivocada, la felicidad es otra cosa, los regalos son
inesperada acción.

23 de julio. Ya es miércoles otra vez.

Que nadie te escuche susurrando
su nombre
de metal escondido en las entrañas,
que el ojo de buey cierre definitivamente sus puertas que
no pase más el agua ruidosa,
que no pase más
que nos morimos.
Hoy no has llamado, en cambio
conozco tu edificio como la palma de mi miedo. 

viernes, 3 de enero de 2014

Una habitación propia u otros ensayos. Versión E-book. Virginia Woolf.

 Una habitación propia y otros ensayos. WOOLF, Virginia. (I)

Una habitación propia y otros ensayos de Virginia Woolf con prólogo de Federico Patán, con la selección de los siguientes ensayos: La muerte de la polilla, El viejo Bloomsbury, Una habitación propia (tercer y cuatro capítulo), La vida y el novelista, La narrativa moderna, El punto de vista ruso, Defoe, Jane Eyrne y Cumbres borrascosas, Los cuentos de fantasmas de Henry James, Joseph Conrad, Las novelas de E.M.Forster, Un ensayo de crítica.((II) a destriopar aún.

“(…) También las cornejas se dedicaban a una de sus festividades anuales; planeando sobre las copas de los árboles hasta simular que una red vasta, hecha con miles de nudos negros, había sido lanzada al aire; la cual, tras algunos momentos, se hundía lentamente en los árboles, hasta que cada rama parecía tener un nudo negro en la punta(…)

(…)la polilla, en plena agitación, de un lado al otro del cuadrado formado por el panel de la ventana. Era imposible no observarla. Se estaba, de hecho, consciente de un extraño sentimiento de piedad por ella. Esa mañana las posibilidades de gozo parecían tan enormes y tan variadas, que sólo tener en la vida el papel de polilla, y encima de una polilla diurna, sonaba a un destino duro, como patético era su celo de disfrutar en plenitud esas magras oportunidades. Volaba con energía hasta una esquina de su compartimento y, tras aguardar allí un segundo, hacia la opuesta. ¿Qué le quedaba sino volar hasta la tercera esquina y luego la cuarta? Era lo único que podía hacer a pesar del tamaño de las colinas, la anchura del cielo, el humo lejano de las casas y, de vez en cuando, la voz romántica de un vapor allá en el mar. Lo que podía hacer lo hacía. (…)

(…)Se es proclive a olvidarse de la vida, viéndola encorvada y dominada y aderezada y oprimida de modo tal que ha de moverse con la mayor circunspección y dignidad. (…)”
Fragmentos del ensayo La muerte de la polilla.

“(…) Una sociedad de sodomitas tiene muchas ventajas, si se es mujer. Es sencilla, es honesta, en algunos sentidos nos hace sentir, según lo anoté, cómodas. Pero tiene sus defectos; con los sodomitas no se puede, según lo expresan las gobernantas, insinuarse. Algo queda suprimido, ahogado todo el tiempo. Ocurre que ese insinuarse, el cual no necesariamente significa copular y no del todo estar enamorado, es uno de los grandes deleites, una de las grandes necesidades de la vida. Sólo entonces cesa todo esfuerzo, se deja de ser honesto, se deja de ser listo. Se burbujea hasta llegar a una absurda y deleitosa efervescencia de agua de soda y champaña, a través de la cual se ve al mundo teñido con todos los colores del arco iris. (…)”

Fragmento perteneciente al ensayo El viejo Bloomsbury.

(…)Porque la ficción, es decir la obra de imaginación, no es lanzada contra el suelo como un guijarro, lo que tal vez sí ocurre con la ciencia; la ficción es como la tela de una araña, acaso sostenida del modo más ligero imaginable, y sin embargo sostenida de la vida por los cuatro costados. A veces tal vinculación es apenas perceptible. (…)

(…) desde el inicio de los tiempos las mujeres han ardido como faros en todas las obras de todos los poetas (…)

(…) algún tipo de genio debe haber existido entre las mujeres, como debe haber existido en las clases trabajadoras. De vez en cuando una Emily Brontë o un Robert Burns surgen como un flamazo y certifican su presencia. Pero es seguro que nunca llegaron a ser noticia impresa. (…)

(…)Llevar una vida libre en el Londres del siglo XVI habría significado para una mujer que fuera poeta y dramaturga, un estrés nervioso y un dilema que bien hubieran podido matarla. De haber sobrevivido, cualquier cosa que hubiera escrito habría quedado retorcida y deformada, por salir de una imaginación violentada y mórbida. Y sin duda, pensé mirando el estante donde no hay dramas escritos por mujeres, su obra habría aparecido en forma anónima. (…)

(…) ¿Cuál es el estado mental más propicio al acto de la creación? ¿Puede uno hacerse de alguna noción sobre el estado que estimula y hace posible esa extraña actividad? (…)

(…) Y se deduce de esa enorme literatura moderna confesional y de autoanálisis que escribir una obra de genio es, casi siempre, una proeza de dificultad prodigiosa. Todo se opone a la posibilidad de que surja de la mente del escritor íntegra y completa. Por lo general están en su contra circunstancias materiales. Los perros ladran, la gente interrumpe, es necesario ganar dinero, la salud falla. Más aún, para acentuar todas esas dificultades y volverlas más duras de soportar, está la notoria indiferencia del mundo. No le pide a la gente que escriba poemas y novelas e historias; no las necesita. No le importa si Flaubert halla la palabra adecuada o si Carlyle verifica escrupulosamente este o aquel hecho. Claro, no pagará por lo que no desea. De esta manera el escritor -Keats, Flaubert, Carlyle-sufre, en especial en los años creadores de la juventud, toda suerte de distracción y descorazonamiento. (…)

(…) es hora ya de que se mida el efecto del descorazonamiento en la mente del artista, como he visto que las compañías lecheras miden los efectos de la leche común y corriente y de la clase A en el cuerpo de las ratas. (…)

(…)el genio debe desentenderse de tales opiniones; que el genio debe estar por encima de lo que se diga de él. Por desgracia, son los hombres y las mujeres de genio quienes más se interesan en lo que se dice de ellos. (…)”

Fragmentos del ensayo Una habitación propia, tercer capítulo.

“(…)El dinero dignifica aquello tomado por frívolo si no se lo paga. (…)

“(…) Pues las obras maestras no son nacimientos únicos y solitarios, sino el resultado de muchos años de pensamiento en común, de ese pensamiento surgido de la totalidad de la gente, de modo que la experiencia de la masa se encuentra tras la voz singular. (…)”

“(…)¿Quiénes me culpan? Muchos sin duda, y me llamarán descontenta. No podía evitarlo: en mi naturaleza estaba el desasosiego, que a veces me agitaba hasta el dolor... (…)”Anoto: el desasosiego ahoga. Si uno piensa en quien se ahoga, sufra un atraganto o no haya aprendido a respirar dentro de un contexto- ahogo de ansia de adaptación por falta de adaptación- se imprime el movimiento de la desesperación, nadie se ahoga quieto sino que el impulso es trepar para lograr aire. Ahogarse no es dejarse ir, es no saber cómo moverse para lograr aire, para obtener el propio auto respeto.

(…)En los párrafos que cité de Jane Eyre queda claro que la rabia interfería con la integridad de Charlotte Brontë la novelista. Abandonó su historia, a la cual debía su entera devoción, para atender alguna queja personal. (…)”
 Fragmentos del ensayo Una habitación propia, cuarto capítulo.


“(…)Aplicado a las personas, ese mismo método da los mismos resultados. Se agrega una cualidad a otra, un hecho a otro, hasta que cesamos de discriminar y nuestro interés queda sofocado bajo una plétora de palabras. (…)La tarea de un escritor es tomar una cosa y dejarla representar veinte, tarea peligrosa y difícil. Pero sólo así queda liberado el lector del amontonamiento y confusión de la vida y marcado eficazmente con ese aspecto particular que el escritor desea presentarnos.

(…)Para sobrevivir, cada oración debe tener, en su núcleo, una chispita de fuego y ésta, no importando el riesgo, debe arrancarla el novelista con sus propias manos de la fogata. (…)”

Fragmentos entresacados del ensayo La vida y el novelista

“(…)En el caso del señor Wells, se aparta notablemente del hito. Pero incluso en él muestra a nuestro pensamiento la amalgama fatal de su genio, el enorme grumo de yeso que consiguió mezclarse con la pureza de su inspiración. (…)
(…) ¿qué si la vida se rehusa a vivir aquí? Es un riesgo que bien pueden presumir de haber superado el creador de The Old Wives' Tale (Cuento de viejas), George Cannon, Edwin Clayhanger y multitud de otras figuras; Sus personajes tienen vida en abundancia e, incluso, inesperada, pero queda por preguntar ¿cómo viven y para qué viven? (…)

(…)Examínese por un momento una mente ordinaria en un día ordinario. Esa mente recibe miríadas de impresiones: triviales, fantásticas, evanescentes o grabadas con el filo del acero. Esas miríadas vienen de todos sitios, una lluvia incesante de átomos innumerables; y según descienden, según se transforman en la vida del lunes o del martes, el acento cae en un lugar diferente al del viejo estilo; el momento importante no viene aquí sino allí; de modo que si un escritor fuera libre y no esclavo, si pudiera escribir de acuerdo con sus elecciones y no sus obligaciones, si pudiera basar su trabajo sobre sus sentimientos y no las convenciones, no habría trama, ni comedia, ni tragedia, ni intereses amorosos o catástrofes al estilo aceptado y, tal vez, ni un sólo botón cosido al modo que quisieran los sastres de Bond Street. La vida no es una serie de farolas ordenadas simétricamente, sino un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos rodea desde el inicio de nuestra conciencia hasta su final. (…)”
Fragmentos de su ensayo La narrativa moderna

“(…) Pero es el sufrimiento común el que produce esa sensación de hermandad y no la felicidad, el esfuerzo o el deseo común. Esa "tristeza profunda" que el Dr. Hagberg Wright piensa típica del pueblo ruso es la que crea su literatura. Desde luego, una generalización de este tipo, incluso aunque verdadera en cierto grado cuando se la aplica al cuerpo de la literatura, cambia profundamente si un escritor de genio se pone a trabajar con ella. De inmediato surgen otras cuestiones. Se ve entonces que una "actitud" no es sencilla, sino compleja en grado sumo. Hombres robados de sus sacos y de sus modales, aturdidos por un accidente ferroviario, dicen cosas duras, cosas ásperas, cosas desagradables, cosas difíciles, incluso aunque las digan con el abandono y la sencillez que en ellos producen las catástrofes. Ante Chéjov, nuestras primeras impresiones no son de sencillez, sino de perplejidad. ¿Qué quiere decir, por qué extrae un cuento de esto? (…) “

((Sobre Tolstoi…)Es metropolitano, no suburbano. Sus sentidos, su intelecto, son agudos, poderosos y están bien nutridos. Hay algo de orgulloso y soberbio en el ataque que una mente y un cuerpo así lanzan sobre la vida. Nada parece escapársele. Nada escapa a su vista sin ser registrado. Por tanto, nadie puede transmitir como él la excitación del deporte, la belleza de los caballos y toda el hambre fiera por el mundo de los sentidos que posee un joven fuerte. Toda ramita, toda pluma se pega a su imán. Nota el azul o el rojo del blusón de un niño, el modo en que un caballo mueve la cola, el sonido de una tos, las acciones de un hombre que intenta meter las manos en unos bolsillos que han sido cosidos. Y lo que informa su ojo infalible sobre una tos o los trucos de unas manos su cerebro infalible lo une a algo oculto en el carácter de la gente, de modo que la conocemos no sólo por el modo en el que ama y sus puntos de vista políticos y la inmortalidad del alma, sino también por el modo en que estornuda y se atraganta. Incluso tratándose de una traducción, sentimos que nos han puesto en la cima de una montaña con un telescopio en las manos. Todo es asombrosamente claro y absolutamente nítido. Pero entonces, de pronto, justo cuando exultamos, respirando hondo, sintiéndonos a la vez fortalecidos y purificados, algún detalle -tal vez la cabeza de un hombre- nos llega, de modo alarmante, desde el cuadro, como si expulsado de allí por la intensidad misma de la vida que tiene. (…)

(…) La vida domina a Tolstói tal como el alma domina a Dostoievsky. (…)”.


Del ensayo El punto de vista ruso

jueves, 31 de octubre de 2013

La dieta de los no hola. Sam Pink



“(...) Un cansancio tan pesado que es como estar sucio.
Es como si la suciedad flotara desde dentro de tu cuerpo hacia el exterior de la piel, arriba y afuera a través del cuero cabelludo. (...)
Te tragas una gominola pensando: << Justicia>>. (...)
Estás comiéndote una gominola y mirando un vídeo de alguien con la cabeza abollada.
La tristeza te impulsa a querer ser útil a los demás.
Como si la felicidad fuera egoísmo.(...)"


“(...) Cada hora te sale a ocho dólares con setenta y cinco céntimos.
A veces te imaginas a ti mismo en una habitación sin pintar, la puerta cerrada con llave, y cada vez que pasa una hora, la puerta se abre y una mano misteriosa arroja al interior ocho dólares con setenta y cinco centavos, se oyen unas carcajadas, recoges el dinero del suelo con rapidez y vuelves a tu esquina. (...)"


Anoto: Sucesión de escenas, cinematográfico, táctil, no hace falta más ni sobra nada. No hace falta recorrer la silueta de hedor o el moho en las palabras, ya están directamente sujetos a la escena, a la esquina, a la sensación que impulsa el reconocerse. Incluso tienen la visión en alzado, con marcadas sombras en claroscuro, como un cómic de una tinta. ¿Será la segunda persona? Tortazos de realidad, cápsulas de mierdas con las que empatizas.


“(...) Y con ese terrible vértigo que se produce al observar una mínima porción de cualquier otra vida, se da una muerte más allá de cualquier  otra cosa experimentada anteriormente, porque sucede en tantas ocasiones y en direcciones tan dispares que ni siquiera importa dónde empiezas a intentar entender algo, porque te va a matar.(...)"


(...)Uno de los gérmenes entra en su casa de germen, se quita su sombrero estereotipado y pasado de moda y grita << ¡Pasad todos!>>, entonces toda la familia del germen entra y llena el quiste de ambiente festivo.
El anuncio pretende que desees acabar con los gérmenes, pero resulta algo confuso.
Porque entiendes que los gérmenes simplemente quieren vivir. (...)"


"(...) Dejas todo eso atrás.
Te descubres a ti mismo habiendo sucedido ya.
Falto de concentración.
Los que pasan por tu lado son todos desconocidos.
Y tú eres uno de los que pasan, masticando una barrita de caramelo y observando.(...)"


"(...) Mirando la aspiradora no-funcional te imaginas a ti mismo vacío por dentro, sin órganos, venas ni genitales.
Entonces descubres que no podrías imaginar eso sin usar todo tu contenido. (...)"


"(...)Luego piensas que por más que te pasaras toda la noche caminando, el límite de la ciudad sería una distancia que no conseguirías cubrir.
Sólo la oscuridad podría escapar al cabo del tiempo.
Sólo la oscuridad, tras mostrarse, se retiraría.
Desearías que se te concediera esa misma oportunidad.
Esa misma posibilidad. (...)"


Fragmentos. La dieta de los no hola, Sam Pink. Traducción de Julio Fuertes Tarín. Editorial Alpha Decay, Héroes Modernos, Barcelona 2013.
Imagen de cubierta: Angela Dalinger